Fundación Fisac | El período estructural (1959-1968)
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El período estructural (1959-1968)

Se inicia esta etapa con una obra no construida pero angular en su trayectoria como es el proyecto que realizó para el concurso de la parroquia de San Esteban, en Cuenca y en 1959. Espoleado por una conversación con Fernando Casinello, sobre la investigación estructural en la arquitectura, Fisac empieza a pensar en el uso del hormigón como material moderno que se amolda a cualquier forma para resolver íntegramente un edificio. Y en el caso de este concurso, en el que quedó bastante frustrado con un injusto segundo premio, aplica en la cubierta parte de sus experiencias con las bóvedas ondulantes de hormigón, pero con un sentido funcional diferente que le permita resolver a la vez la estructura de cubierta, la iluminación natural y la canalización del agua de lluvia. En este proyecto lo hace con unas complejas alas de gaviota parabólicas, pero inmediatamente empieza a pensar en piezas lineales modulares de hormigón de sección continua, y en el edificio del mismo año, de los laboratorios farmacéuticos Made, hace una gran marquesina de hormigón con ese sistema, así como resuelve con el mismo material todo el conjunto, mostrando en un alarde de sinceridad constructiva su áspera naturaleza sin revestir.

 

De 1960 es el pequeño pabellón de los Laboratorios Alter, donde diseña otra marquesina de hormigón, esta vez como lámina plegada y nueva tentativa hacia el famoso sistema de huesos que desarrolla plenamente en el mismo año, con el Centro de Estudios Hidrográficos, en el que modela y optimiza la sección de las piezas hasta llegar a una forma triangular hueca y alada con la que consigue cubrir un espacio rectangular de 80×22 metros, dividiendo las vigas en dovelas que se cosen mediante un sistema de postesado. Ese alarde estructural, estudiado con los ingenieros Vicente Peiró, José María Priego y Ricardo Barredo, da lugar a uno de los espacios más singulares de la arquitectura española del siglo XX, en el que la luz es toda cenital y uniforme, y en el que el esfuerzo estructural queda transmutado en aparente ligereza. El éxito de este hallazgo estructural da lugar a múltiples variaciones de las piezas, que se adaptan a cada caso concreto, y que van apareciendo sucesivamente en otros laboratorios, hoteles, centros docentes, iglesias y casas particulares.

 

Los edificios de hormigón de ese momento se concentran en Madrid, en el propio campus del C.S.I.C., como ocurre con el Centro de Investigaciones Geológicas, o en sus alrededores con los laboratorios del Instituto de Química, de 1963, o el edificio Vega, de 1964, destacando por su singularidad, y por anticipar la siguiente etapa de Fisac –la de las pieles flexibles-, el Centro del Patronato “Juan de la Cierva”, que muestra con desenfado un pliegue curvo en el borde superior de su tersa piel de hormigón, delator de la naturaleza blanda en origen de un material que se vierte en molde. Y como un singular devaneo en toda su carrera, Fisac hace una obra decididamente formal por encargo expreso del propietario de los laboratorios Jorba, en la torre octogonal estrellada de hormigón, que desde 1968 hasta 1999, se asomó como un objeto increíble que los madrileños bautizaron como “pagoda”, a la madrileña autovía de Barajas. Con sus paraboloides hiperbólicos de hormigón, de virtuosa y hábil construcción, era el contrapunto de un complejo de edificios escuetos y funcionales en línea con otras obras sincrónicas de hormigón del mismo autor.

 

También de estos años sesenta son muchos de los muebles y objetos más célebres que diseña Fisac a lo largo de su carrera como el sistema de mesas y asientos “pata de gallina”, y algunas de sus mejores casas, como la Fanjul en Mallorca, de 1961, la casa en Guadalmina de 1962, su propia casa en la Costa de los Pinos mallorquina, y otras varias, que muestran la faceta mediterránea de un creador que busca la contextualización de sus obras como un valor opuesto a la indiferencia del Estilo Intermacional. En 1963, y en el contexto muy diferente de la madrileña urbanización Somosaguas, reaparece el hormigón para hacer la Casa Barrera, que en buena parte se cubre con un sistema de “huesos” similar al del Centro de Estudios Hidrográficos, como sucede en el mismo lugar con la casa para Alonso Tejada, cuatro años posterior.

 

Un poco más tardíos, de 1965, son otros dos importantes edificios de hormigón de esta etapa: el colegio de la Asunción de Cuestas Blancas, enfrentado a su casa del Cerro del Aire, y sobre todo, la parroquia de Santa Ana en el barrio madrileño de Moratalaz, en la que cambia, como en Cuestas Blancas, el tipo de iglesia para adaptarla a los nuevos principios del Concilio Vaticano II. El encargo de Santa Ana se debe a una iniciativa del arzobispo Casimiro Morcillo, que quiso honrar la memoria de una hija del arquitecto recientemente fallecida, dándole libertad para hacer la que es una de sus obras punteras, y en la que los sistemas de huesos, esta vez con sección simétrica, se combinan con un potente sentido expresivo del hormigón, que se moldea creando formas absidales que juegan con la luz y la brutal textura del material. Algo posterior, de 1967,  es el edificio IBM en el paseo de la Castellana, singular por su fachada de piezas huecas en “V” abierta, que dirigen las vistas desde el interior en sentido lateral, matizan la entrada de luz solar directa, y crean unas superficies donde los huecos se confunden con los macizos en una piel continua y vibrante.

 

Los epígonos destacados de esta etapa son dos obras muy distintas pero que presentan la particularidad común de retomar el esencialismo despojado característico del mundo rural que tan afecto fue a Miguel Fisac desde su obra del Instituto de Daimiel. Se trata la primera de las bodegas Garvey en Jerez, en las que un modelo de “hueso” de gran canto, crea el ritmo de cubierta que no precisa más que la luz de Cádiz y el blanco de la cal para crear una arquitectura que extrae de su elemental planteamiento una fuerte carga expresiva. La segunda, de 1968, es la casa que se hizo Fisac en Mazarrón sobre una ladera pétrea y orientada al Mediterráneo. La sencillez con la que se divide la casa en cuatro limpios cubos que se montan unos sobre otros para tener siempre una terraza con vistas es otro nuevo invento de Fisac que sorprende por su ingenio elemental y por la naturalidad con que se implanta en el paisaje.

© Vicente Patón-Alberto Tellería
© Fundación Fisac