Fundación Fisac | El pensamiento de los críticos
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El pensamiento de los críticos

                Adolfo González Amézqueta
 
La destreza de Fisac es una destreza dura, hiriente, una destreza deliberadamente torpe, salvando la aparente contradicción de una enunciación semejante. hombre de realidades, la energía, prevalece sobre la finura. 
Hasta aquí, el primer período de Miguel Fisac, la indagación tenaz de los primeros veinte años de gestión en pos de una seguridad, una referencia, un canon operativo: años de prueba, espléndida, tumultuosa y dramática; el testimonio de un rescate cultural que nos deja a las puertas del gambito brutalista y metodológico con que Fisac definirá la trayectoria de los últimos diez años.
“Las iglesias de Fisac”.Adolfo González Amézqueta. Revista: “Hogar y Arquitectura” nº 57. 1965.
 
 
                Alberto Campo Baeza
 
Si hubiera que calificar la belleza de la arquitectura de Fisac, yo la adjetivaría de rebelde. Con la rebeldía que supone la creación profunda por encima de las modas, sin atenderlas. Con la rebeldía que supone el hacer una arquitectura cimentada en el pensamiento, en un tiempo en el que la superficialidad parece triunfar desde los frívolos escaparates de las numerosas revistas que acosan a los arquitectos.
Siempre parte Fisac desde el pensamiento, siempre hay razones para explicar su obra. La forma, las formas, son siempre decisiones que unos resuelven de la mano de la moda y otros, y es el caso de Miguel Fisac, de la mano del pensamiento. Hay razones para la forma de pagoda de los Laboratorios Jorba. Son claramente explicables las formas de los hormigones vaciados en sus “encofrados flexibles”. Hay una lógica evidente, casi pedagógica en sus “huesos”. Un dechado de razones.
Y si la belleza ha sido, es, y será siempre la única y verdadera y peligrosa revolución, ante esta sociedad que ha apostado por la estabilidad mediocre, Miguel Fisac se ha erigido en artífice de esta Belleza rebelde.
“La Belleza rebelde”. Alberto Campo Baeza. Revista “Arquitectos” nº 135, pág. 83. 1995.
 
 
            Alberto Morell Sixto
 
Lo que propone Fisac es un espacio dinámico desde el espacio mismo. Un espacio encerrado en su condición interior, la más propia, sin apenas contacto con el exterior, donde los elementos arquitectónicos se disponen de tal manera que se puede percibir el movimiento físico del espacio. Un espacio que tiene más que ver con la Basílica de Santa Sofía o con la Alhambra que con la arquitectura del Movimiento Moderno o con la arquitectura actual. Un espacio que se forma siempre a partir de la contraposición de uno o varios elementos estáticos, o en aparente reposo, con otro u otros dinámicos, o en aparente movimiento. Se fija o se limita como referencia de lo que se desmaterializa o disuelve. Así, la disposición del continente, la materia, provoca que el contenido, el espacio, lo más arquitectónico, rebose hacia el horizonte de lo infinito.
“Miguel Fisac, el espacio dinámico”. Alberto Morell Sixto. Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha. Guadalajara 2005.
 
 
            Antón González Capitel
 
En el caso de Fisac supuso, además del conjunto, cuatro ejercicios arquitectónicos distintos, cuatro experiencias de mediación entre ambas y extremas culturas, las cuatro de desigual planteamiento y fortuna, pero todas unidas por la fuerte impronta de la pericia constructiva de su autor. Mediación entre clasicismo y moderndad y preocupación constructiva casi puritana que le emparentan sólidamente con la tradición madrileña y con todos sus antecesores concretos en aquel lugar.
Desigual planteamiento y fortuna, en el que se acusa el tiempo, y del que hemos comentado ya la iglesia, el ejercicio primero y, tal vez, el más arriesgado. El Instituto de Edafología –los propileos a Serrano- es una traslación madrileña de la entrada a la Universidad de Roma de Foschini, y el Pabellón Central una simplificación del templo clásico, también a la manera romana de entonces, siendo más convencional y escenográfico –más postmodern– y encerrando un edificio compacto al que se superpone el pórtico del templo como pura imagen. Como escenografía tiene interés, sobre todo en los detalles del letrero y del capitel corintio, cercano éste al más sencillo orden interior de la iglesia. En el Instituto de Óptica (1948), Fisac se relaciona con el Rockefeller hasta en el ladrillo empleado y con el fin de constituir algo unitariamente: el lateral norte de la plaza, iniciando en él su transición a la modernidad que desea abrazar. El delicado elemento de entrada y, sobre todo, los interiores, dan prueba de lo que quiere proseguir y de la fortuna con que puede emprenderlo.
“La construcción de la Colina de los Chopos”. Antón Capitel. Revista “Arquitectura” nº 241. pág. 18 a 21. Madrid 1983.
 
 
            José Camón Aznar
 
…la soberbia sencillez de estos Propileos, con sus altas luces rectangulares y cuya seca grandeza está acentuada por la rústica violencia de su aparejo. Encuadrada por el pétreo aparato de este pórtico, alcanzamos la visión de la Casa Central del Consejo a través de un largo estanque con aguas saltarinas sobre los hipocampos y dioses romanos del mosaico. Esta Casa Central del Consejo, debida a los arquitectos Fernández Vallespín y Fisac, estimamos que es el edificio más bello de Madrid levantado en el último lustro. Todo está conjuntado en una clara y solemne armonía en esta arquitectura, cuyos límites se engrandecen por la feliz concordancia de las nobles molduras, de los huecos exactos y de las piedras de colores alternados. Tras el sonoro pórtico octástilo, con las pareadas columnas de altos capiteles, el interior –pese a las agrias luces industriales- se unifica en una apurada congruencia estilística, que conforma en la isma onda todas las aplicaciones ornamentales. Los muebles se encuadran y decoran con el mismo severo clasicismo. Se abre el gran salón de Conferencias en un ancho semicírculo, de amplia curva discursiva…
Diario ABC. 12 de octubre de 1946.
 
 
            Carlos Asensio-Wandosell
 
Existe una preocupación en el arquitecto por encontrar el sentido último del concepto de piel, esto le lleva a decir que el Tratamiento Superficial deber ser algo dependiente de la cualidad genética del material, planteado desde la racionalidad constructiva que lo aleja de la ornamentación y de una predeterminación de la forma por la forma….
En este momento –los años cincuenta- Miguel Fisac apunta su propia visión: considera que el hormigón es un material pastoso que se vierte en moldes, por tanto su fabricación no condiciona ninguna forma especial, como sucede prácticamente con todos los demás materiales que se han utilizado hasta ahora en la edificación. En palabras de Giedeon “el paso de los cincuenta a los sesenta es un tránsito tentativo de exploración de un vocabulario formal más rico”.
Es evidente que Fisac identifica materia con forma, estructura, construcción, decoro y espacio. Se consigue así que la superficie no sea dependiente de la arquitectura sino la protagonista.
“FISAC, Ensamblaje con Vacíos 1959-1968”. Carlos Asensio-Wandosell. Ministerio de Vivienda. Madrid 2004
 
 
            Eduardo Delgado Orusco
 
La particular capacidad de Miguel Fisac para quemar sus naves a pesar de los éxitos cosechados, generó un nuevo giro en su obra, a la larga el más definitivo, el más radical. En efecto, la preocupación del arquitecto por las posibilidades expresivas del material iban a embarcar a Fisac en una nueva aventura. Se trata de una exploración que acabaría aislándole de los derroteros más comunes del resto de la profesión en un camino personalísimo, con frecuencia poco comprendido por sus iguales, los arquitectos, y que, paradójicamente, le encumbraría en la escala social como el arquitecto más moderno de su generación: la expresividad del hormigón y los prefabricados con este material. Fisac volvía a inventar. En la década de los cincuenta había sido la patente del ladrillo para cerramientos ligeros; ahora eran los “huesos”, los encofrados flexibles y todo aquello que contribuyese a manifestar el proceso de elaboración y puesta en obra del material. Fisac optaba decididamente por el hormigón en una elección de carácter casi ético. Preocupado por la expresión de los materiales, el hormigón era el que, siempre según el arquitecto, mayores posibilidades presentaba y, no obstante, menor desarrollo había tenido. De aquí en adelante Fisac empeñaría su carrera en esta batalla, condenado a un esfuerzo en solitario; su vehemente forma de ser y la fidelidad a sus principios –a una ética de la construcción- parecía anunciarlo ya desde sus primeros proyectos.
“Santa Ana de Moratalaz. 1965-1971. Miguel Fisac”. Eduardo Delgado Orusco. Colegio de Arquitectos de Almería 2007
 
 
            Fernando Espuelas
 
El magisterio de Fisac, fundado en el talento, la tenacidad y la sensibilidad, se reafirma en el contexto de las ideas emergentes en la arquitectura actual. Frente a los espectros virtuales: la realidad milagrosa. Frente a la quimera del espacio líquido: el consuelo áspero de la materia. Frente al hipnotismo evanescente de las pieles: la verdad de la osamenta.
Miguel, poeta malgré lui, poeta de la desnudez y de la eficacia, poeta de la indagación y de la racionalidad, ha sido un adelantado de algo que empieza a tomar fuerza: la reunificación de arte y ciencia. No sé por qué, esa actitud me recuerda la de otro gran poeta de la verdad desnuda y trascendente: la del gran cineasta danés Carl Theodor Dreyer.
“Laudatio”. Artículo de Fernando Espuelas en la revista “Formas de Arquitectura y Arte”, nº 13, pág. 24-27. Colegio de Arquitectos de Ciudad Real 2006.
 
            Fernando Quesada
 
Fisac fue uno de los primeros en abandonar cualquier vestigio de aulismo monumental desde su primera obra construida, virando su mirada hacia la arquitectura italiana del momento. De los primeros en evitar tanto las referencias historicistas como las metáforas funcionalistas manteniendo un lenguaje moderno, tomando el ejemplo nórdico tanto de Aalto como de Asplund. Y adquirió muy pronto una cierta conciencia crítica hacia el Movimiento Moderno sin desatender los valores de “proyecto inacabado” que florecieron, sorprendentemente, casi 30 años después en el debate internacinal desde las ideas de Jürgen Habermas. Es decir, Fisac fue el primero de los arquitectos de Madrid que actuó al margen del lore, sea académico-crítico o profesional-especulador, desinteresado por los encuadramientos estilísticos. Esto le hace compartir algunas de las preocupaciones que caracterizaron a la llamada tercera generación, dentro de las limitaciones del contexto cultural en que operaba y desde su posición particular.
“La materia y la forma de los huesos”. Fernando Quesada. Artículo en el libro “FISAC, Ensamblaje con Vacíos 1959-1968”. Carlos Asensio-Wandosell. Ministerio de Vivienda. Madrid 2004.
 
 
            Francisco Arques Soler
 
Preocupado conscientemente en todo su proceso evolutivo y constructivo de la piel que debería tener cada uno de sus edificios, Miguel Fisac muestra con su arquitectura el aspecto “táctil” de la superficie. Epidermis que afronta el problema y la relación estructura-cerramiento-decoro desde una perspectiva totalmente nueva. Rechaza la “complejidad añadida” producto de problemas formales, lingüísticos o de estilo, y adopta una “complejidad conflictiva” producto del concepto estructura, construcción y materia. El tratamiento de sus fachadas responden así, a una posición claramente opuesta a la que en el inicio de su obra, realizara con la superposición de la columnata de estilo corintio en el Edificio Central del C.S.I.C., solución claramente ornamental. Este concepto, que ya con otros materiales como el ladrillo, había iniciado en 1953, lo encontramos por primera vez en hormigón en 1961, con el “pico” y la “arruga” del edificio del Centro de Información y Documentación delPatronato Juan de la Cierva del C.S.I.C., en Madrid, donde el eco de la admiración por Mies, “al haber conseguido dar expresividad plástica arquitectónica al acero laminado”, está presente.
“Miguel Fisac”. Francisco Arques Soler. Ediciones Pronaos. Madrid 1996.
 
 
            José Manuel López-Peláez
  
Panofski, en su “Significado de las Artes Visuales”, define el humanismo como la acentuación de los valores humanos: racionalidad y libertad y la aceptación de las limitaciones humanas: falibilidad y fragilidad: el ser humano es frágil y puede equivocarse. De esta doble afirmación se desprenden dos postulados: responsabilidad y tolerancia. Estos valores humanos se encuentran en la obra de Fisac. Por un lado la capacidad de invención, la racionalidad, la mente técnica; por otro lado, la libertad, la búsqueda de lo auténtico, sin ataduras, ese “no se qué” animando la posibilidad de invención que tanto le atrae. Miguel Fisac ha acentuado su independencia de los tiempos y de las modas. Alguien dijo que la moda es al que pasa. Yo creo que la arquitectura de Fisac no pasa. La mirada de Fisac atiende su quehacer, como ocurre con los hombre de sabiduría. Mira hacia sí mismo, converge hacia su propio espacio interior y ésta es su responsabilidad fundamental y la enseñanza que nos transmite como legado: su propia presencia y su obra.
“Miradas convergentes”. Artículo de José Manuel López-Peláez en la revista “Formas de Arquitectura y Arte”, nº 13, pág. 58-63. Colegio de Arquitectos de Ciudad Real 2006.
      
 
            Juan Daniel Fullaondo
 
Surge ya, en el joven Fisac, aunque sea en clave monumental, esa visión densa, aplastante, decidida, el ademán de trazo grueso, rotundo, que caracterizará toda su obra… Fisac no es un arquitecto sutil, refinado, es un diseñador violento. unilateral, seguro, de ideas claras, precisas…. la violencia, la energía, la precisión denotadas en la gigantesca, aplastante entrada de la obra de la madrileña calle de Serrano.
Al final del estadio en torno al referido Instituto y quizá también la más moderada intuición de la Iglesia del Espíritu Santo, se abre un amplio período intermedio en el que Fisac intentará el esclarecimiento personal a través de una compleja experimentación en torno a tres o cuatro expedientes compositivos, experimentación que pueda permitirle la trascendencia definitiva del inseguro estadio retórico anterior, donde al lado de los éxitos señalados, no deja de encontrarse una vasta sucesión de errores (las residencias de la Pililla, por ejemplo), testimonio del desconcierto de un monumento sin vitalidad ni criterio…
el “intermedio” de Fisac, acunado en medio de las resonancias de alguna tormenta espiritual, se mueve en torno a tres alternativas fundamentales:
a) la vertiente neo-empírica del Instituto de Daimiel.
b) la tempranísima intuición orgánica o expresionista del edificio de la Ciudad Universitaria o de la iglesia de Vitoria.
c) el registro racionalista de la Casa de la Cultura de Cuenca….por citar tres o cuatro obras suficientemente definidas en cuanto a su planteamiento lingüístico.
Como es lógico, las fronteras entre uno y otro punto acaso no son tam concluyentes como para permitir una clasificación definitiva. Las interrelaciones son constantes y difíciles de deslindar. De cualquier manera, creo que es en torno a ese carácter trivalente de sus apoyaturas donde Fisac inicia su despegue creativo.
Miguel Fisac. los años experimentales ” .J.D. Fullaondo. Revista “Nueva Forma”. nº 39. Abril de 1969.
 
La instalación de la arquitectura del último Fisac, de acuerdo con la enunciación estructuralista de Cappabianca no deja de ofrecer dificultades. El paso primero, el más obvio, reside en la eleccioón decidida de un “arquitema” predominante, el hormigón. Después de la versátil indagación texturial, Fisac se nos convierte en un arquitecto de un sólo pase, tan diversificado y proteico como queramos, pero siempre dentro de los límites de una deliberada autolimitación. El rostro externo, inmediato, de la arquitectura de Fisac, adopta la primera de las dos astucias poéticas, la exaltación de la virtualidad propia del material. En el capítulo anterior nos referíamos a la relativa falta de finura o refinamiento abstracto en todo su íntegro planteamiento arquitectónico. En este sentido, su última obra no hace sino incidir dentro de esa misma realidad. Entre el módulo-objeto y el módulo-medida que Argan destacaba, Fisac concentra su atención en los aspectos más objetivos, menos abstractos. Su ordenación, su dorma de disponer la violenta presencia material de sus arquitemas, es siempre violenta, elemental, directa…. El testimonio del material, la elaboración angustiosa, intrincada, refinada y sutil, desaparecen de su obra, en aras de definiciones rotundas, inmediatas, seriadas… Los bloques edilicios se descomponen en franjas horizontales, unidades óseas, a caballo entre la viga y la teja….
“Miguel Fisac. los años de transición ” .J.D. Fullaondo. Revista “Nueva Forma”. nº 41. Junio de 1969.
 
 
                Luis Fernández Galiano
 
La cupiditas firme del arquitecto maduro cristaliza en una amplia cosecha de obras innovadoras, naves industriales para laboratorios o fábricas y sedes de investigación –localizadas preferentemente en la capital española- que utilizan con profusión su invento más notorio, las vigas huecas de hormigón pretensado a las que dio el nombre de huesos, y cuyo elegante optimismo técnico y escultórico representa bien el momento del despegue económico en una España que abre sus puertas a las mercancías y a las ideas del exterior. Esos huesos para el desarrollo darían armazón estructural al crecimiento material de esa época de prosperidad, y servirían de emblema del éxito de un profesional en sintonía con un país acelerado.
“Un triángulo circular”. Artículo de Luis Fernández Galiano en la revista “AV Monografías” nº 101. pág. 2. Madrid 2003
 
 
            Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez
 
Para nosotros, el arquitecto Miguel Fisac es un nómada curioso, que en su deambular ha ido descubriendo aquellas obsesiones, aquellos tesoros con los que trabajar. Lo importante, para él no es hacia dónde va, sino lo que descubre y recolecta en el camino. “Ser arquitecto es un oficio que cada uno tiene que aprender por sí mismo”, dice Fisac, y la forma de aprender está ligada al caminar, al merodear por las ideas, por los inventos, por la construcción…. como aquellos viajes juveniles en los que paseaba interminablemente, para arriba y para abajo, observando sin pronunciar palabra, acompañado de su soledad, por las obras más importantes de la arquitectura europea de aquel momento.
Una forma de realismo intelectual en el que las cosas sólo existen si se tocan o se experimentan. No bastan las fotografías ni los libros teóricos, ni siquiera los textos, ni siquiera las palabras… una suerte de autodidacta solitario, que todo lo tiene que ver, tocar, aprehender por sí mismo.
Una forma de conocimiento ligada a los cinco sentidos; “pensemos en la Alhambra”, dice Miguel. Una forma de conocimiento que no le importa desdecirse, “pensemos en el Palacio de Carlos V”, dice Miguel. Las ideas y las experiencias avanzan y lo que importa es el progreso, la novedad, la mejora. Una forma de conocimiento ligada a la capacidad de creación, al la capacidad de invención. Y es que Fisac es un inventor, como ya esbozaba López Peláez: “para Fisac, el arquitecto es un inventor y en su continuo progreso la etapa ya realizada, en cuanto conocida, no es interesante”.
“Una habitación vacía”. Artículo de Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez, pág. 262 del libro “Fisac” del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos, edición especial para el Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha. Madrid 1997.
 
 
            Maria Cruz Morales Saro
 
Para llegar al diseño de sus piezas de hormigón pretensado y después postesado, que cubren sus obras desde 1960 hasta 1975 se sigue un proceso jerarquizado que se realiza en tres fases:
– forma mas conveniente de la pieza para la creación de espacio arquitectónico.
– disposición estructural que pueda obtenerse de las pieza así realizada
– secciones estrictas necesarias.
Las investigaciones de Miguel Fisac en el campo del hormigón armado y pretensado, revisten un interés que rebasa el caso concreto de una técnica y de un país, para pasar a ser una respuesta a problemas de conjunto que tienen planteados la arquitectura contemporánea. Esta respuesta es doble, en orden de la capacidad funcional y especialmente en la consecución de la “forma arquitectónica” de un material. Esta segunda parte, representa una faceta pragmática, totalmente opuesta a los formalismos.    
 “la arquitectura de Miguel Fisac”. Mª Cruz Morales Saro. Colegio de Arquitectos de Ciudad Real 1979.                                          
 
 
            Maria Isabel Navarro Segura
 
Miguel Fisac ha desarrollado su apasionada y brillante producción arquitectónica utilizando de manera permanente la relación que se aplica a ciertas estructuras en la expresión durable-traccionable. Un juego de escala que conjuga la composición de grandes masas y el propio volumen en sus obras, y una atención intensa y paciente hacia la unidad mínima constructiva y también hacia la unidad mínima de significado arquitectónico. Todo ello sometido a una sintaxis dominada por la tensión, una tensión dramática que cabe encontrar siempre en alguno de los resultados de cada obra. Una a una, cada arquitectura proyectada y realizada durante décadas contiene reflexiones diversas de orden constructivo, en ocasiones sobre la relación con el lugar, o también como respuesta crítica a la obra del momento. Recorre el itinerario conocido desde sus experiencias autobiográficas sumergido en el paisaje infinito de La Mancha, cargado de resonancias horizontales y de silencio, recorrido por un arco iris luminoso en tres gamas: azules, rojos y dorados, y traspasado por la luz blanca del mediodía. No hay sombras en la obra de Fisac. La condición metafísica de sus obras de primera etapa es una constante que anima su arquitectura en todos los grandes momentos en los que realiza una inflexión inesperada, es decir, en los episodios más creativos de su producción.
“Miguel Fisac, 2003”. Maria Isabel Navarro Segura. Revista BASA (Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias) nº 27. 2003. pág. 5-39.
 
 
                Miguel Galanes
 
Recuerdo cuando mi hermano Ángel, cinco años mayor que yo, comenzó a ir al Instituto de Daimiel. Yo nunca estudié en ese Instituto. Recuerdo como sus blancos, que ya no son los de ahora, se levantaban diferenciándose del polvo de los caminos, del escaso verdor del Parque y de la ignorancia irrespetuosa, que más tarde he descubierto, en ciertos tipos de mirada torva y andares suficientes… Aquellos blancos en vuelo por las chimeneas, que son hoy ruinas, los blancos en transparencia con los grandes ventanales, los blancos llamados al orden por el azul. En mí, desde entonces, están esos blancos, puros-locos-limpios, conscientes por el añil. No puedo empezar de otro modo a hablar de esta suya y mía coherencia. Toda esta blancura, coherente locura, está en mi libro La Demencia consciente, de igual manera, por el mundo de papel, que sus blancos y sus luces lo estuvieron por la arena del Parque, sobre el polvo blanco de los caminos y los aburridos libros de texto y la tinta de los tinteros, tan azul. Lo recuerdo y está en mis poemas para levantar esta su coherencia desde las ruinas enrejadas, junto a las que hoy, y es verdad, vivo. Y más que recordar ahora quisiera vivirlo.
“Miguel Fisac: La coherencia de espíritu”. Artículo de Miguel Galanes en la revista “Formas de Arquitectura y Arte”, nº 13, pág. 10-12. Colegio de Arquitectos de Ciudad Real 2006.
 
 
                Mohsen Mostafavi
 
Fisac inscribe su obra en la tradición de los proyectos utópicos con conceptos a un tiempo experimentables y realizables. A partir de los años 1970, la superficie del edificio copa su energía creativa, mostrando con el edificio Mupag (1969-1973) o su propio estudio (1971) una fascinación por el tratamiento de la envolvente reminiscente de Giulio Romano o el Palazzo Medici-Ricardi en Florencia.
Sus tanteos con la superficie, con la linealidad y la curvatura dotan a sus obras de una sensación entre lo informe y lo imperfecto que es parte necesaria de su utopía arquitectónica. Como Ernst Bloch, Fisac rechaza la idealidad de un orden puro y racional. En vez de estos, la racional y lo irracional se conjugan para formar una visión de la utopía concreta y hacer de lo “aún no existente en el mundo” una realidad.
“Caligrafía curva”. Artículo de Mohsen Mostafavi en la revista “AV Monografías” nº 101. pág. 12-14. Madrid 2003